Cuentan que James Joyce, cansado del debate nacionalista con sus compatriotas irlandeses, les sugirió que ya que no podían cambiar de país sí que podían cambiar de tema. Es difícil evadirse de la democracia de opinión y sustituirla por la democracia deliberativa, argumentada, respetuosa con las opiniones ajenas. Tras pasar unos días en la Castilla profunda, con la prohibición taurina en Catalunya por en medio, me parece que hemos alcanzado un punto en el que es imposible construir un discurso serio y cívico que supere las diferencias sobre cuestiones opinables, que todas son igualmente legítimas aunque no sean coincidentes. La singularidad de Europa, de España y de Catalunya es que somos una multitud de pueblos, de lenguas, de culturas y de costumbres. El que haya cruzado Estados Unidos de norte a sur y de este a oeste sabe que encuentra la misma comida, una configuración semejante de las ciudades, un sentimiento patriótico común, todo es más o menos igual. La diferencia y la grandeza ...
Espacio de discusión y planteo de alternativas reales de cambio a este mundo injusto y desigual.